25 Sep «Nos imaginamos ciudades capaces de tomar decisiones cada vez mejores gracias a los datos»
Clara Campos, responsable de marketing y comunicación de ZICLA, empresa Aliada de AMBE, repasa la evolución de la compañía desde su nacimiento, analiza los principales retos que afrontan las ciudades para impulsar una movilidad ciclista más segura y accesible y reflexiona sobre el papel que debe desempeñar la bicicleta en la transformación del espacio urbano.
Además, aborda las tendencias que marcarán el futuro de las ciudades y el valor de la colaboración entre la industria y las administraciones para avanzar hacia un modelo de movilidad más sostenible.
ZICLA nació con la misión de dar una segunda vida a los residuos a través de soluciones para las ciudades. ¿Cómo ha evolucionado la empresa desde 2005 hasta convertirse en un referente en movilidad urbana sostenible?
ZICLA nació en 2005 con la misión original de promover el uso de materiales y productos reciclados a gran escala y encontrar soluciones alternativas a la gestión tradicional de los residuos.
Fue en 2008 cuando empezamos a invertir en I+D+i para desarrollar productos propios destinados a las ciudades, con el objetivo de hacer la movilidad en bicicleta más segura y conseguir que las calles sean más accesibles, ciclables y caminables para todos los ciudadanos.
A día de hoy contamos con un equipo técnico-comercial formado por arquitectos e ingenieros que acompaña a las ciudades durante todo el proceso de desarrollo de sus proyectos. Además, disponemos de un equipo de desarrollo de producto que trabaja de forma continua en la creación de nuevas soluciones, la optimización de las existentes y la incorporación de nuevos materiales reciclados.
También nos implicamos activamente con instituciones, asociaciones referentes del sector y la comunidad. Esto nos permite aprender de ellas, conocer de primera mano las necesidades y desafíos actuales e incorporar ese conocimiento tanto al desarrollo de nuestros productos como a la forma en la que acompañamos a las ciudades.
¿Qué retos siguen teniendo las ciudades españolas para ofrecer una infraestructura ciclista realmente segura y accesible para todos los ciclistas?
Las ciudades españolas son muy diversas. Tenemos ciudades con grandes presupuestos y equipos especializados para desarrollar infraestructuras ciclistas de calidad, pero también ciudades más pequeñas, con presupuestos más modestos y recursos más limitados, que hacen un gran esfuerzo por ofrecer una buena infraestructura ciclista.
Además, cada ciudad tiene unas características propias: una orografía diferente, una trama urbana distinta, un clima específico o unos patrones de movilidad particulares. Todo ello condiciona el tipo de infraestructura que resulta más adecuada en cada caso.
Por eso, creemos que uno de sus principales retos es encontrar soluciones adaptadas a sus necesidades específicas, porque no existe una única respuesta válida para todas las ciudades.
Trabajáis con administraciones y ciudades de todo el mundo. ¿Qué tendencias estáis observando en la transformación del espacio urbano y qué papel juega la bicicleta en ese cambio?
Lamentablemente, en los últimos dos años hemos observado que las prioridades de muchas ciudades han cambiado y que la transformación del espacio urbano hacia entornos más habitables y la promoción de la bicicleta se han ralentizado. Esto tiene mucho que ver con la situación geopolítica actual, que ha desplazado parte de las agendas públicas hacia la inversión en defensa.
Más allá de eso, que lamentablemente reduce los recursos disponibles para avanzar hacia una transición más sostenible y justa, creemos que sigue existiendo una voluntad muy fuerte de cambio, impulsada precisamente por la insostenibilidad del modelo actual.
Cada vez vivimos veranos más calurosos, bosques más vulnerables o episodios de lluvias más intensos, y las ciudades necesitan adaptarse a esta nueva realidad.
La bicicleta desempeña un papel clave en esa transformación. Reducir el uso del vehículo privado significa disminuir las emisiones asociadas al transporte, mejorar la calidad del aire y contribuir a reducir el efecto isla de calor en las ciudades. Además, permite redistribuir el espacio público de una forma más justa y equilibrada para todos.
Ese espacio recuperado también puede destinarse a incrementar la presencia de árboles y zonas verdes, que aportan sombra, absorben CO₂ y ayudan a reducir la temperatura urbana. Sin olvidar otros beneficios, como una mayor capacidad del suelo para absorber el agua de lluvia o el impulso a la biodiversidad.
Trabajáis con administraciones y ciudades de todo el mundo. ¿Qué tendencias estáis observando en la transformación del espacio urbano y qué papel juega la bicicleta en ese cambio?
Formar parte de AMBE nos permite estar presentes dentro del ecosistema de la industria de la bicicleta. Además, realizáis un gran trabajo conectando a la industria con las administraciones, que al final son quienes toman las decisiones sobre qué soluciones se implementan en las ciudades.
A las empresas a veces nos resulta desafiante llegar a esa audiencia por nuestros propios medios, y pertenecer a AMBE nos facilita enormemente ese vínculo.
Además, creemos que generar espacios multidisciplinares en los que reunís a todas las partes implicadas es fundamental para impulsar la bicicleta en España. Esos encuentros permiten comprender mejor las necesidades de cada actor y avanzar de una forma más coordinada y alineada.
Mirando al futuro, ¿qué proyectos o líneas de innovación marcarán los próximos años de ZICLA y cómo imagináis las ciudades del futuro?
Como sabéis, en los últimos años hemos avanzado en la integración de radares en nuestros separadores de carril bici Zebra® y en nuestros separadores de tráfico modulares Zipper®.
Nuestro objetivo es seguir desarrollando esa línea, complementando nuestros productos con sensores que permitan a las ciudades obtener información sobre lo que está ocurriendo en sus infraestructuras.
Al mismo tiempo, estamos trabajando en la forma en que esos datos se presentan a las ciudades, para que sean lo más fáciles posible de interpretar y les permitan disponer de la información necesaria reduciendo el tiempo y los recursos que deben dedicar a su análisis.
Nos imaginamos ciudades capaces de tomar decisiones cada vez mejores gracias a los datos y, al mismo tiempo, de transformarse de una manera más ágil y flexible, adaptándose al mismo ritmo al que evolucionan sus necesidades y prioridades.
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