“La visión de las administraciones públicas sobre la movilidad sostenible ha cambiado por completo”

Camille Loth, B2G General Manager de Cooltra, destaca el papel fundamental que ha tenido AMBE en el impulso y consolidación de la movilidad sostenible en España. Desde su entrada en la Alianza del Sector de la Bicicleta, la compañía ha fortalecido su interlocución con administraciones públicas, ha participado en la construcción de marcos normativos y ha generado sinergias con otros agentes del sector. Con una trayectoria que abarca desde el sharing privado hasta la gestión de servicios públicos de bicicleta compartida, Cooltra analiza la evolución de las políticas de movilidad, los factores clave para un sistema exitoso y los retos que marcarán el futuro del sector.

¿Qué ha supuesto para Cooltra formar parte de la Alianza de AMBE durante estos años? ¿Qué beneficios, aprendizajes o sinergias ha generado esta colaboración para vuestra compañía?

Formar parte de la Alianza de AMBE ha sido clave para Cooltra, porque en España AMBE es claramente el portavoz del sector de la bicicleta en su conjunto, con una capacidad real para entender las problemáticas específicas de cada tipo de aliado.

Para nosotros, como operador de servicios, AMBE ha aportado sobre todo conexión directa con las administraciones públicas, facilitando la participación en la elaboración de marcos normativos, la identificación de los interlocutores clave y la creación de sinergias con otros actores y entidades públicas. Esa visión transversal y ese rol de interlocución sectorial han generado un aprendizaje continuo y un espacio de colaboración muy valioso para todo el ecosistema.

Desde los comienzos de Cooltra hasta hoy, ¿cómo ha evolucionado la visión de las administraciones públicas sobre movilidad sostenible?

Desde el nacimiento de Cooltra en 2006, la visión de las administraciones públicas sobre la movilidad sostenible ha cambiado por completo. Lo que antes era un ámbito marginal o experimental se ha convertido hoy en un reto central de las políticas públicas urbanas y metropolitanas.

En este recorrido hemos visto avances claros, especialmente en la adaptación de las infraestructuras, en el desarrollo de marcos regulatorios que buscan favorecer iniciativas públicas y privadas —aunque no siempre de forma acertada— y en el reconocimiento del papel de la bicicleta eléctrica como solución real de movilidad. Aun así, sigue existiendo margen de mejora en incentivos y políticas fiscales, que avanzan más lentamente de lo necesario. Nuestra trayectoria, desde los inicios del sharing privado hasta la reciente entrada
como concesionario de servicios públicos de bicicleta compartida, con proyectos como BAIK en Manresa o Onitibici en Ontinyent, nos ha permitido acompañar y entender muy de cerca esta evolución.

Tenéis gran experiencia gestionando sistemas de bicicleta compartida, ¿qué factores son clave para que un servicio sea exitoso y bien aceptado por la ciudadanía?

Desde nuestra experiencia, un sistema de bicicleta compartida es exitoso y bien aceptado por la ciudadanía cuando se basa en lo que nos gusta resumir como las 4P. En primer lugar, un buen Producto, entendido como la experiencia completa del usuario: bicicletas eléctricas robustas y fiables, una app intuitiva, estaciones bien ubicadas cuando existen, y una UX fluida que haga que el servicio sea sencillo y agradable desde el primer uso.

En segundo lugar, el Precio, que debe ser accesible, coherente con el territorio y alineado con el transporte público, para que el sistema se perciba como una pieza más del ecosistema de movilidad. A esto se suman los Procesos: tecnología fiable, mejora continua, flexibilidad operativa y transparencia con administraciones y usuarios.

Y, por último, las Personas, un factor a menudo infravalorado: equipos propios, formados y comprometidos, con conocimiento local. Este enfoque, construido a partir de la gestión de decenas de miles de vehículos compartidos en distintas ciudades europeas, es lo que permite que los servicios funcionen de forma sostenible en el tiempo y generen confianza ciudadana.

 ¿Qué retos siguen existiendo para la implantación y expansión de sistemas de bicicleta compartida? ¿Alguna innovación destacable?

En las grandes ciudades, los sistemas de bicicleta compartida están ya bien implantados y plenamente integrados en las políticas generales de transporte. El modelo es conocido, funciona y sigue creciendo. El gran reto hoy está en la implantación en ciudades pequeñas y medianas, donde las condiciones son muy distintas. En estos entornos, los principales desafíos tienen que ver con el acceso a financiación externa, ya que el coste de los sistemas clásicos —con estaciones fijas y flotas 100 % eléctricas— puede ser elevado; con alcanzar un tamaño crítico suficiente para que el servicio tenga sentido y sea operable; y con diseñar servicios que respondan a patrones reales de movilidad, a menudo más dispersos.

En este contexto, la innovación pasa menos por la tecnología y más por el modelo de servicio. Destacaría los sistemas híbridos, que combinan estaciones de carga con aparcamiento virtual, reduciendo la inversión inicial y optimizando los costes operativos, como el que desplegaremos en Ontinyent a partir de la próxima primavera.

También nuevos enfoques como la suscripción mensual, como en Manresa, inspirados en experiencias muy consolidadas en Francia, que pueden actuar como puente desde el sharing hacia la bicicleta en propiedad o, en ciudades donde no existe sharing, como una alternativa directa, más accesible y menos costosa, que fomenta además un uso más intensivo y habitual de la bicicleta.

Un deseo para 2026…

De cara a 2026, nuestro deseo es que, pese al contexto global y a las tensiones geopolíticas, se mantenga una apuesta decidida por la movilidad sostenible, con inversiones adaptadas a la realidad de cada territorio y con un foco claro en las infraestructuras, que siguen siendo la base de cualquier cambio modal duradero. Somos conscientes de que el contexto actual está reorientando el uso de muchos fondos públicos y de que, en algunos casos, ciertas políticas locales no siempre avanzan en la dirección de una movilidad más sostenible. Precisamente por eso creemos que es el momento de reforzar una visión a largo plazo.

Como operadores, esperamos que en 2026 se reconozca cada vez más el papel de la bicicleta y de los servicios que la hacen accesible al mayor número de personas, con marcos más coherentes y equilibrados. Nuestras ciudades y sus ciudadanos se lo merecen, y la bicicleta tiene todavía mucho que aportar en términos de calidad de vida, equidad y sostenibilidad.

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